sábado, 30 de enero de 2010

Ente vivo de partículas (qué pasaría si...)

Qué pasaría si…


Si me perdiera en el laberinto de las letras

o en el vuelo de un pájaro…

o en el rocío del viento…

si me ocultara detrás de una nube,

me cobijara con ella

y me dedicara a contemplar el cielo.

Luego caería la noche

con su sábana de estrellas

ahuyentando el tiempo

con la luna como compañera

no habría palabras,

cantaría el silencio.



Si me sumergiera en aserrín

Impregnando mi ser con aroma madera

o nadara en una pila de hojas secas

haciendo crujir su naturaleza muerta,

si dividiera mi ser

y depositara cada parte en una pequeñísima piedra

formaría todo un camino

o uno pequeño para absorber tus huellas



y qué pasaría si en lugar de eso viviera en la arena

pero no en una casa sino en cada partícula de ella

un alma destinada al vaivén de la naturaleza

acariciada por el agua de mar,

penetrando mi composición con ligereza.

y en algún momento dejaría la playa

para viajar con el impulso de los vientos y de la luna…

cual diente de león despojándose de su peluca,
recorrer el mundo como lo hace el polvo…

como lo hacen los aromas…

como cae la lluvia...










Bln.P.

viernes, 22 de enero de 2010

Sin ser palabras aún

Sin ser palabras aún nadan en mi torrente sanguíneo desde el corazón hasta cada una de las partes de mi cuerpo. Son espíritus llenos de vida y luz, amorfos, abstractos, disueltos. Danzan entre sí, se mezclan, se cruzan, se besan, forman remolinos, vibran y parpadean... se confunden unos con otros, se hacen uno solo para para separarse después en busca de la definición. Un instante. Un par de horas. Toda una vida para poder salir de la que es su prisión y a la vez su santuario. Esa búsqueda incansable de la materialización de estos espíritus que buscan adoptar formas que sobrevivan en el exterior, que sean percibidas, captadas o entendidas por la naturaleza sensible de un ser receptor.
Y en algún momento de su intrincada existencia, de su devenir en el tiempo, en la consciencia y en la inconsciencia, saldrán a la superficie como sudor escapando por los poros del cuerpo, como sangre caliente brotando a borbotones, hastiada de la cárcel en la que se han convertido las venas, o como lágrimas que libera el mar cuando parece que no puede contener más agua, como si disminuyera su carga liberando unas cuantas gotas que corren sin cesar formando ríos en la cara y desembocaduras en los labios, en el pecho, en la ropa, en el suelo sediento que las recibe agradecido.
Es entonces cuando se encontrarán con el lenguaje e intentarán vestirse con sus ropas, calzar su zapatos, construir combinaciones distintas hasta encontrar la que se adapte mejor. Se pintarán con sus matices, se pondrán sus máscaras, tomarán sus alas prestadas para volar, para fluir con el viento y las corrientes marinas, pero también contra corriente, en tormentas de arena y en medio de un huracán. Agrupadas como las hormigas, como aves volando juntas con la forma de un volcán, viajarán por el mundo en búsqueda de flores que quieran escuchar, nidos que quieran ver y corazones ansiosos por palpitar.
Será el regreso a ese mundo abstracto en el que nada tiene forma, turbulento, confuso, con cintas de casette enrededas y laberintos sin resolver, tan parecido al anterior y asombrosamente innovador. Es un nuevo mundo que será su casa y de la misma manera será su prisión. ¿Saldrán algún día? Eso no lo sabes tú, ni lo sé yo. Yo sólo sé que si no salen algunos se ahogan en el interior, se marchitan, se asfixian, se mueren alimentando capas y capas de humus en un bosque sin regeneración; otros se convulsionan, arden, queman y envenenan el corazón.

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